Así es como imaginamos muchos españoles Ámsterdam, como una ciudad llena de pecado, lujuria y drogas. Aunque no está del todo desencaminado, Ámsterdam es más que eso: su sensibilidad artística da paso a numerosos museos dedicados al arte, artesanía e historia.
A través de Booking reservamos en el albergue Stayokay una habitación para dos personas por 44,50 € la noche. Puede que a algunas personas les pueda parecer caro viniendo de un albergue, pero lo cierto es que estaba muy bien situado y cuidado, con baño privado, además de que la oferta a su alrededor no era mucho mejor. Es un sitio al que no me importaría volver si fuera en las mismas condiciones (es decir, como si fuera un hotel).
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| Quizá deberíamos haberlo fotografiado de día... |
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| Vistas desde nuestra habitación. |
El trato por parte del personal de recepción fue bueno y no tuvimos ningún problema en nuestra corta estancia. El albergue contaba con salas comunes, como una sala de estar con sofás y mesas, un comedor... Pero no llegamos a ocuparlas.
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| Comedor que nunca pisamos. |
Tras instalarnos, nuestra apreciada esclava amiga, que nos hacía de guía y traductora, nos llevó al famoso Mercado de las Flores. Al ser diciembre no había tanta animación floril como cabría esperar, pero era bastante bonito.
Alrededor del mercado había multitud de negocios, desde marihuana y alucinógenos hasta la cafetería más familiar, y así hicimos nuestra primera gran compra: quesos. Quesos caros, fuertes, pero de esos que es recordarlos y se me cae la baba, por lo que recomiendo encarecidamente echar un ojo a la cadena de Henri Willig.
Tras nuestra felicidad quesil, paseamos un rato por la ciudad admirando su arquitectura, que nos maravilló, y a su vez hicimos algo de turismo gastronómico, que se nos da muy bien.
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| Croissanterie Lamour |
Tras tanta comida, fuimos a bajarla visitando el primer museo de la lista que fue, si no recuerdo mal, la primera entrada que hice en relación a Ámsterdam: el museo de las curiosidades, Ripley’s Believe It or Not!
La prostitución está, por el momento, permitida solamente en esa zona, y está especialmente enfocada al público masculino heterosexual. Los alquileres de las habitaciones tienen un precio bastante elevado, pero son el mejor método para venderse de forma legal. Hay ciertos chanchullos detrás, cómo no, pero no quiero que me persigan los proxenetas encubiertos de allá, así que seguiré con la versión turística.
A medida que avanzaba la noche más mujeres abrían el chiringuito y bailoteaban de vez en cuando. Está prohibido hacer fotos y se pide respeto hacia las mujeres, así como no golpear los cristales. Aún así, pude observar a un grupo de hombres jóvenes golpeando el cristal de una mujer, llamándola gorda y riéndose de ella. También hay que decir que con las horas no sólo aumentaban las prostitutas disponibles, si no también los borrachos y drogadictos. Muchas prostitutas suelen tratar de llamar la atención de parejas jóvenes que desean experimentar con alguien más, sobre todo porque les inspira mayor confianza al haber una mujer y no se sienten tan desprotegidas, ya que, a pesar de la normalización y de haber mayor seguridad, no son pocas las que han muerto o han sido mutiladas, poniéndonos en los peores casos.
Aunque han intentado por todos los medios normalizar la prostitución y muchas prostitutas luchan para que sea un trabajo más como cualquier otro, la realidad es que la mayoría que se dedican a ello no están más de dos años, es decir, lo hacen temporalmente por una gran necesidad económica o porque, por su juventud, no saben realmente dónde se están metiendo.
Todo esto y mucho más, aunque por el lado más bonito, se puede aprender en el Museo de la Prostitución, en el corazón del Barrio Rojo. La edad mínima para entrar es con 18 años, y su horario es de 11:00 a 00:00 todos los días. La entrada cuesta 10 €, aunque ahora mismo no recuerdo si entraba incluida la audioguía. De no entrar, el precio no sería muy elevado y, de verdad, es necesaria. En ésta, una mujer cuenta su supuesta historia como prostituta y cómo funciona el dedicarse a ello allí.
Bien, tenemos quesos, tenemos putas, y ahora nos falta que Rembrandt lo plasme en un crucero, así que al día siguiente fuimos a visitar el Rijksmuseum que, como conté en la anterior entrada, fue hermoso y agotador a partes iguales, pero muy, muy recomendable si planeas estar más de dos o tres días en la ciudad.
Las entradas para el crucero las compramos en un local de Tours & Tickets, al igual que otras entradas. Elegimos la opción "Lovers Canal Cruises" que tiene una duración de una hora, con horario de 09:30 a 16:30 cada día. Su precio por adulto es de 13 € e incluye audioguía disponible en múltiples idiomas, aunque los cascos son algo chuchurríos. Durante el recorrido por los canales te explica los inicios de la ciudad y varios de sus acontecimientos, así como datos de interés sobre cómo construyen las casas e información de diferentes puntos turísticos. Lo malo es que para esta atracción dependes bastante del temporal, no porque no esté preparada para ello, ya que es cubierta, si no por su visibilidad.
Por si no habíamos profundizado lo suficiente, el último museo que visitamos fue BODY WORLDS, del cual también hablé extensamente en otra entrada.
Cómo moverse por Ámsterdam
No siempre tuvimos a nuestra amiga esclavizada con nosotros, por lo que nos orientamos gracias a dos aplicaciones muy útiles que nos recomendó:
Dentro de ciudad fue especialmente útil la 9292, y para desplazamientos de tren más largos la NS-app. Son bastante fiables, no nos dieron ningún problema y el transporte público allí va muy bien (al menos el tiempo que estuvimos).
Si no recuerdo mal, compramos un abono de OV-Chipkaart, que se puede adquirir en el mismo aeropuerto. Una vez coges el hábito, te preguntas por qué no es así en tu ciudad de residencia.
Y hasta aquí la aventura por Ámsterdam, una gran ciudad que visitar, aunque se necesita una preparación previa para esquivar ciclistas.












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