En plena temporada navideña visité por primera vez Vitoria-Gasteiz. Como comprenderéis, servidora llenó la maleta con ropa de abrigo, conocedora de la fama que tiene el clima de Euskadi.
Pues bien; nada más llegar a la estación y tras el pasar de los días, nos topamos con uno de los diciembres menos fríos que se recordaban en los últimos años. Fue una temperatura, a mi parecer, agradable, así que al final no utilicé ni gorritos, ni guantes ni nah. Eso sí, siempre chispeaba en algún momento del día y no te libras del viento.
| El Caminante, 1985, de Juan José Eguizábal, Plaza del Arca |
La riqueza cultural y educativa durante la segunda mitad del siglo XIX le valió a Vitoria el apelativo de Atenas del Norte.
En la primera mitad del siglo XX, Vitoria era una ciudad pequeña y conservadora, con apenas industria. Eso cambiaría en la década de 1950 con su fuerte crecimiento industrial.
Pocos meses después de la muerte de Francisco Franco, en plena Transición Española, Vitoria sufrió la mayor agresión vivida en su historia contra la clase obrera el 3 de marzo de 1976: la Policía Armada trató de desalojar la Iglesia de San Francisco de Asís, donde se reunían unos 4000 trabajadores en huelga, y como resultado fueron asesinadas cinco personas y más de ciento cincuenta heridas de bala.
No fue hasta el 20 de mayo de 1980 que no se convirtió en capital de la Comunidad Autónoma del País Vasco por decisión del Parlamento Vasco (aunque oficiosamente). Y en 2012 fue Capital Verde Europea.
La actual Vitoria es una ciudad donde la fría piedra tiene un gran protagonismo debido a los múltiples incendios que transcurrían en la ciudad, sobre todo en los barrios obreros.
Deambulamos por amplias avenidas que escondían en sus costados calles estrechas y adoquinadas que te trasladaban a otra época, para luego devolverte al siglo veintiuno al girar la esquina y encontrarte de nuevo con plazas decoradas con esculturas minimalistas, centros comerciales a la última y edificios modernistas. Rápidamente descubrimos "dos Vitorias" que convivían en perfecta armonía en lo que a infraestructura se refiere: la medieval y la contemporánea.
El casco medieval ofrece un gran surtido de comercio tradicional con numerosos locales dedicados a la artesanía, la decoración, pequeñas tiendas de ropa, hostelería tradicional, ultramarinos, tiendas de paraguas, bodegas, librerías interesantísimas... Y, por otro lado, el Ensanche tiende a acoger a importantes firmas multinacionales.
Exceptuando el Casco Histórico, que se encuentra en una colina, el resto de la ciudad es llana, por lo que se popularizó mucho antes que en otras localidades el uso cotidiano de la bicicleta.
| Como fuimos en navidades, nos encontramos con el Belén a escala real que exponen en el exterior. |
| Como se puede observar, ni soy buena fotógrafa ni mi cámara está preparada para la noche. |
Nos llamó la atención la sensibilidad artística de la ciudad con varias actividades al aire libre tales como pintura, música instrumental, danza... Por no hablar de la cantidad de fachadas de edificios cubiertas de pintadas excepcionales.
Paseamos por la zona donde vive el lehendakari, y nos dirigimos a las afueras para ver mejor la ciudad y sus alrededores:
No puedo despedir esta entrada sin hacer una mención especial a la ingente cantidad de bares a reventar que había. Nos pusimos las botas con pintxos a un euro (y eran señores pintxitos). La comida no estaba nada mal, me da hambre sólo de recordarla, y las personas transmitían buena sensación y confianza.
Estuvimos muy poco tiempo, pero la verdad es que no hubo nada que no nos gustara. Agur!

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